¿Qué es la izquierda?
La izquierda es la traición elevada a la categoría de ideología:
Desde la antigüedad, la traición ha estado presente en la historia de la civilización europea y particularmente en la historia de España. Basta recordar ejemplos como el de los asesinos de Viriato, los partidarios del rey Witiza, que traicionaron al ejército español en la batalla de Guadalete, condenando así a nuestro pueblo a 800 años de ocupación, matanzas y esclavitud, el armero húngaro llamado Urban que accedió a construir el cañón más grande de la época para los turcos durante el asedio de Constantinopla, condenando así a los Balcanes a 500 años de ocupación y explotación turca. Sin olvidar al griego Ephialtes, que mostró a los persas un camino hasta la retaguardia de los espartanos de Leónidas.
Todos estos traidores pasaron por alto el interés colectivo de sus pueblos y dieron prioridad a la obtención de una recompensa personal o a la satisfacción de una rivalidad mezquina. Algunos de ellos, como los asesinos de Viriato o Ephialtes, tuvieron la recompensa que realmente se merecían, “Roma no paga a traidores”, les dijeron a los primeros, mientras que Ephialtes, al ser derrotados los persas, tuvo que partir a un vergonzoso exilio para morir en extrañas circunstancias. Otros por desgracia, como Urban, se hicieron ricos a cambio de su traición, igual que miles de políticos y periodistas mercenarios se enriquecen hoy a costa de destruir España y escupir sobre la civilización europea.
A partir del S. XIX la traición deja de ser un fenómeno individual para transformarse en una ideología de masas. Una ideología creada y difundida por gente como Engels, perteneciente a una familia de industriales que poseía fábricas en Alemania, Inglaterra y muchos otros países, por multimillonarios como Felix Weil, fundador de la escuela de Frankfurt, la creadora del actual pensamiento políticamente correcto, que es la ideología oficial de nuestra sociedad contemporánea. Creada por un grupo de burgueses apátridas que siendo responsables de la mala situación de los obreros y campesinos, les dan una solución que consiste en renunciar a su identidad cultural y nacional, y en concentrar la propiedad de todos los medios de producción en manos de un Estado internacional, ¿pero quién sería ese Estado sino los propios burgueses apátridas que forman los cuadros más elevados de las organizaciones izquierdistas?, en otras palabras, la solución que los izquierdistas dan a los obreros es que estos pongan en juego sus vidas para darles a los líderes de la izquierda todas las empresas y medios de producción de la sociedad, ¿a cambio de qué?, de una situación que en muy poco se diferencia de la esclavitud, como se ha podido ver allí donde el socialismo se ha impuesto.
El comunismo, con todas las florituras teóricas que lleva a su alrededor, no es más que la concentración de la propiedad en un número cada vez más reducido de manos, las de los jerarcas comunistas, en ese sentido en muy poco se diferencia del capitalismo monopolista que sufrimos hoy, en el que un número cada vez más reducido de multinacionales va acumulando todos los medios de producción, no mediante la expropiación como en el comunismo sino mediante la competencia desleal y la compra de las pequeñas y medianas empresas. Comunismo y capitalismo tienen el mismo fin, el control de todos los bienes del mundo por parte de un organismo supranacional, la creación de una sociedad mundial dividida entre una masa apátrida y mestiza de esclavos y una élite de grandes empresarios en un caso y de jerarcas comunistas en otro.
Siendo el capitalismo monopolista y el comunismo dos formas de llegar al mismo objetivo, no es en absoluto de extrañar que financieros como los Rockefeller, los Roschild, los Gughenheim y otros muchos banqueros y financieros de Wall Street invirtieran sumas astronómicas para garantizar el triunfo de la revolución bolchevique en lo que ha dado en llamarse “plan Marburg”.
Hoy como ayer, gran capital e izquierda siguen yendo de la mano, los gran capital monopolista está consiguiendo borrar la identidad de los pueblos de Occidente mediante una inmigración masiva que afecta a todos los países occidentales y sólo a los países de la civilización occidental, las industrias desarrolladas en nuestro territorio son compradas por las multinacionales y deslocalizadas hacia China, India o cualquier otro lugar con mano de obra más barata. En resumen, los capitalistas se traen a Occidente la mano de obra del tercer mundo y se llevan al tercer mundo los medios de producción de Occidente. Ambos fenómenos los justifica la izquierda desde el punto de vista ideológico cuando habla de “solidaridad internacional de la clase obrera” y “derecho al desarrollo” de todos los países. La traición elevada a la categoría de ideología como decíamos hace un rato.
¿Cuál es el papel de los matones de la extrema izquierda en todo este proyecto para esclavizar y borrar del mapa nuestros pueblos?. Evidentemente el de policía política extraoficial, el de encargados de atemorizar y eliminar por la fuerza a todo disidente. El de cipayos y mercenarios del sistema mundialista. Estos cipayos se consideran a sí mismos rebeldes, ¿pero qué clase de rebelde es hoy un joven izquierdista cuando su discurso político en nada se distingue del de su profesor de ética?, o del de su profesor de “Educación para la ciudadanía”, la nueva asignatura que demuestra que el régimen ya no se ruboriza en utilizar un léxico propio de la Cuba castrista, la China de Mao o la Camboya de Pol Pot. Estos rebeldes de opereta cumplen la misma función que los guardias rojos de la revolución cultural china, aplastar cualquier auténtica disidencia y hacer parecer que el gobierno es en cierto modo un moderado. En nuestros institutos de hoy en día el profesor de ética con su discurso de multiculturalismo y de odio a todo lo occidental en general y a todo lo español en particular, parece un moderado, comparado con el alumno izquierdista, su mejor aprendiz encargado de silenciar por la fuerza a cualquiera que no esté de acuerdo con el profesor de ética, de historia o de cualquiera de esas asignaturas que han sido vaciadas de contenido y transformadas en un instrumento de lavado de cerebro.
Frente al gran capitalismo monopolista, frente al internacionalismo izquierdista y su voluntad de borrar nuestro pueblo de la faz de la tierra, frente a la invasión inmigrante, frente al nuevo orden mundial, ¿qué proponemos?, ¿qué propone nuestro partido?, ¿qué proponen las fuerzas identitarias europeas desde Vladivostok hasta Finisterre?. Un sistema que garantice el derecho de los pueblos a seguir existiendo en su propio territorio y conservar su identidad en todos los aspectos, un sistema que permita a cada pueblo controlar sus medios de producción y elegir el modelo de desarrollo que le es propio, un sistema en el que la economía esté subordinada al bien de los pueblos y no los pueblos al bien de la economía, puesto que de nada sirve que los parámetros macroeconómicos se mantengan estables si los pueblos desaparecen debido al derrumbe demográfico y a la inmigración-colonización. Un sistema en el que el fruto del trabajo de cada persona, sea para ella y su familia, no para los grandes financieros ni para el Estado, un Estado que cada vez pide más impuestos a los trabajadores y les da menos a cambio de ellos, puesto que no garantiza la seguridad ciudadana ni laboral, ni la libertad de pensamiento ni la libertad de seguir viviendo en el país de sus antepasados, puesto que ese país se transforma a marchas forzadas en otro Ecuador, otro Marruecos u otro Senegal.
La tarea que tenemos ante nosotros es inmensa y las fuerzas que actúan en nuestra contra muy poderosas, ellos tienen todo, el gran capital, los medios de comunicación, los matones izquierdistas en las calles, nosotros sólo nuestra ilusión y nuestro coraje, pero sabemos que nuestro deber ante la historia y ante nuestros antepasados es vencer, porque si no lo hacemos nuestro pueblo y nuestra civilización serán barridos para siempre de la faz de la Tierra. ¿Quién va a hacer posible nuestra victoria?, ¡tú la harás posible!, ¡vosotros lo haréis!, organizándoos en vuestros barrios y ciudades, en vuestros institutos y universidades, plantando cara a los matones izquierdistas e inmigrantes al mismo tiempo que tendiendo una mano a quienes quieran dejar la ideología de la traición, es decir la izquierda, para defender a su pueblo y para defender realmente a los obreros españoles. Despertando a vuestros compatriotas adormecidos por los medios de comunicación y de este modo luchando en la más importante de las batallas, la batalla por sobrevivir, de un pueblo noble como el español, y de una civilización cuyos logros no tienen parangón, la civilización europea.
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