Joven y rebelde, el capitalismo te comprende
“Divertirnos en la masificación absoluta, entre toneladas de basura, en medio de un ruido ensordecedor, desagradable e incomprensible, con altas dosis de alcohol ingeridas en el cuerpo, no hace más que demostrar que el capitalismo ha conseguido vendernos como placentero algo que no puede ser más que repulsivo”.
El borreguismo continúa pues, la sociedad prosigue su marcha destructiva y los jóvenes estudiantes (y la población en general) siguen acomodados a sus tristes vidas gracias a la felicidad embotellada y/u otros paliativos. La champanada de Navidad, la noche de Año Nuevo, las fiestas de informática, las de industriales, el macrobotellón y Villalar, son los últimos hitos destacados del triunfo de la alienación cervecera-calimochera. Ahora son los propios jóvenes, quienes influenciados por la televisión e Internet (en el caso del macrobotellón) convocan el espectáculo consumista tildándolo por parte de algunos para más INRI con aires de “contestatarios y rebeldes”.
Haciendo un análisis más exhaustivo, vemos, por un lado, que a quienes más beneficia este tipo de actos no es a otras empresas que las que fabrican, distribuyen o venden bebidas (alcohólicas o no) ya que estas ven incrementadas considerablemente sus ventas con cualquier acto de este tipo.
Por otro lado, están los residuos que se generan: plásticos, cristales, papeles (todo lo concerniente a su elaboración…) con el consiguiente despilfarro de materias primas, contaminación y destrucción de ecosistemas de forma totalmente innecesaria y contraproducente. Además cabe destacar que el consumo de drogas supone la experimentación de estas en animales y a la vez suponen un grave deterioro de la salud humana y por lo tanto, mayor dependencia, y por último la también mayor dependencia sobre el trabajo asalariado para conseguir más dinero, el cual se invierte en lo mismo. Todo esto es así para mantener una serie de hábitos y vicios más que innecesarios a poco que utilizásemos nuestra imaginación para buscar otras alternativas de ocio que no favorecieran al sistema y que no estuvieran impuestas por él. Estas son sólo algunas de las repercusiones que el consumo de drogas produce en la sociedad de masas que padecemos donde las opciones personales a menudo conllevan detrás toda una serie de consecuencias sobre otros seres (animales, humanos y ecosistemas) que muy pocos parecen asumir y entender su gravedad. Ante todo esto, no debemos caer en un optimismo imbécil (muy en boga en esta sociedad…) ya que las cosas están mal, muy mal, y no parece que vayan a cambiar. Sin embargo, no pensamos rendirnos, pues la única forma de asegurar el fracaso es no luchar.
Lady Godiva
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