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"Con nosotros quien quiera contra nosotros quien pueda"

Por un rearme ideológico de Occidente

En todo conflicto el peso de los factores ideológicos es fundamental, la motivación creada por una ideología es capaz de compensar una situación de inferioridad numérica y material, la historia está llena de ejemplos, desde la batalla de Maratón hasta la guerra de Irak.

 

Hoy, los pueblos de origen europeo, los creadores de la civilización occidental, nos encontramos completamente desarmados desde el punto de vista ideológico. Nuestra misma existencia se encuentra en peligro, las masas tercermundistas se instalan en nuestro territorio sin ninguna oposición, nuestras clases políticas ponen en marcha iniciativas que nos transforman en ciudadanos de segunda en nuestros propios países. Las multinacionales nos arrebatan nuestros medios de producción para llevárselos a países con mano de obra más barata, como China o la India. Nuestros impuestos se utilizan para subvencionar la invasión de nuestro territorio mediante ayudas a los inmigrantes y a sus países de origen. Nuestra población sufre un dramático derrumbe demográfico sin precedentes en la historia.

 

Ante esta situación dramática no existe la más mínima reacción, ¿por qué?, la respuesta es la ausencia de armas ideológicas que nos permitan defendernos. Igual que un organismo tiene un sistema inmunitario que lo protege de las enfermedades, un pueblo, una civilización tiene los suyos, la civilización occidental los ha perdido. Sufrimos un auténtico Síndrome de Inmunodeficiencia Ideológica. ¿Cuáles son los síntomas principales de este síndrome?, ¿cuál es su origen?, ¿cómo debemos corregirlos si queremos seguir existiendo?. Estas son las preguntas que intentaremos responder en este artículo.

 

Incapacidad de defensa frente a una invasión no armada.

 

En España vimos cómo la colonia del Sahara era ocupada por Marruecos mediante un ejército desarmado, la famosa Marcha Verde. Hoy una gigantesca e interminable marcha verde a escala planetaria ocupa todos y cada uno de los países de Occidente sin resistencia por parte de la población autóctona. ¿Por qué el hombre occidental no es capaz de responder a una invasión desarmada?. El novelista Jean Raspail escribió en los años 70 un libro titulado “El campo de los Santos” en el que se describe como una gran flota procedente de la India desembarca en Francia y la ocupa sin resistencia. Esta novela es una obra que se adentra en la psicología occidental, psicología enferma que nos impide defendernos frente a invasiones desarmadas. ¿Cuál es el origen de esta disfunción del sistema inmune de nuestra civilización?. El origen está en la doctrina de origen cristiano según la cual los pobres y los débiles son los preferidos de Dios, por lo tanto un invasor que se presenta en inferioridad material no debe ser considerado como invasor sino como una especie de elegido de Dios.

 

¿Qué solución dar a este problema?. Frente a la negación del derecho a defendernos de una invasión desarmada, debemos afirmar el derecho de los pueblos a disponer de un espacio propio, donde vivir según sus tradiciones y conservar su identidad, la ocupación masiva de ese espacio por otro pueblo es una agresión que pone en peligro la propia existencia del pueblo autóctono, por lo tanto éste tiene el deber moral de defender su territorio en cualquier circunstancia independientemente de la forma en la que tiene lugar la invasión y sin atender a ninguna otra consideración.

Igualitarismo.

 

Según esta idea supersticiosa, existe algo que hace iguales a todos los hombres, el origen de esta superstición también es cristiano (todos hijos de Dios), aunque posteriormente ha sido desarrollado por algunos filósofos del S.XVIII como Rousseau y ha alcanzado cotas extremas con el marxismo. El igualitarismo se basa en la negación de la realidad y se presenta en dos niveles de radicalidad.

 

El igualitarismo más radical es compartido por liberales y marxistas, niega la realidad biológica de los hombres y también su realidad cultural. Para los marxistas y los liberales extremos, la fuerza de trabajo es un factor indiferenciado, la influencia de un individuo sobre la sociedad se reduce a su capacidad productiva y esta es independiente del origen étnico o cultural de los individuos. Esta ideología está detrás de las recomendaciones de la ONU sobre la necesidad de importar cientos de millones de inmigrantes para compensar la bajada de natalidad en Europa. El matiz que diferencia a los marxistas de los liberales es que para los últimos existen diferencias individuales, aunque no entre grupos étnicos o raciales, mientras que para los marxistas estas diferencias tampoco existen.

 

El igualitarismo más blando, se limita a negar la realidad biológica humana y es propio de la derecha conservadora actual. Su máximo exponente son los neoconservadores americanos (Todos trotskistas en los años 60). Según esta superstición los hombres son iguales por naturaleza, pero las culturas son distintas, por lo tanto es posible aculturar a determinados pueblos y transformarlos de ese modo en iguales. Según esta idea los indígenas sudamericanos son iguales que los españoles porque hablan español. Por lo tanto Sudamérica y España son lo mismo. Cualquiera que haya viajado por Sudamérica o por el metro de Madrid podría darse cuenta de lo contrario, siempre y cuando el lavado que ha sufrido su cerebro no sea irreversible.

 

El mejor antídoto contra el igualitarismo es la realidad. Existen diferencias biológicas entre los hombres, tanto a nivel individual como entre grupos. Estas diferencias se manifiestan en distintas capacidades, como la inteligencia, que tienen una influencia decisiva sobre las culturas y civilizaciones desarrolladas por los distintos pueblos. Las evidencias científicas de esto son abrumadoras (The G factor, C. Brand, 1996); (Genetic structure, Self identified Race/Ethnicity, and Cofounding in Case-Control Association studies, Tang et. al., American Journal of Human Genetics, 2005), Citando solo un par de ejemplos.

 

Sin embargo los medios de comunicación transmiten al ciudadano una idea absolutamente falsa de estos temas. Recordemos a Clinton y a Blair anunciando en 2000 a bombo y platillo que los resultados del proyecto genoma confirmaban que no hay razas, curiosamente en 2005 aparece en el American Journal of Human Genetics la publicación citada más arriba (entre otros cientos de publicaciones en muchas otras revistas) que trata de cómo identificar la raza de un individuo mediante análisis del genoma. ¿No decían el carnicero de Belgrado y el asesino de Bagdad que el genoma era el mismo para todos?  

 

Para perpetrar este fraude informativo, a los medios no les falta el apoyo de científicos, quienes para evitar que se les corten las subvenciones de las que viven, no dudan en decir y escribir en los medios de comunicación lo contrario de lo que escriben en sus publicaciones científicas.

 

Frente al engaño del igualitarismo, el hombre occidental debe buscar el conocimiento objetivo de la realidad.

 

 

Derechos naturales.

 

Como todos somos iguales todos tenemos unos “derechos naturales” iguales. Esta es la base de la declaración universal de los derechos humanos, escrita por una banda de izquierdistas en 1948, inspirándose en filósofos como Rousseau. Desde luego estos derechos sólo son iguales sobre el papel, en la práctica el hombre occidental tiene menos derechos que nadie. Un africano puede elegir si vivir en África o hacerlo en Europa. Sin embargo el europeo no tiene esa elección, ya que se le obliga a vivir en un lugar que cada vez se parece más a África y no le queda ningún sitio donde ir. Una familia africana en Francia, tiene el derecho a vivir de las subvenciones del estado, mientras que un francés de pura cepa sólo tiene el deber de pagar esas subvenciones en forma de impuestos. Los ejemplos son innumerables y saltan a la vista de quien todavía no esté ciego.

 

Volviendo al tema de los derechos “naturales”, hablar de derecho natural es como hablar de un círculo cuadrado. El derecho, es en sí un concepto que nace del acuerdo entre los hombres que forman una comunidad, por lo tanto no puede ser nunca algo externo, dado por la naturaleza, sino el fruto de la voluntad humana. El derecho, siendo el fruto del acuerdo en el seno de una determinada comunidad, sólo tiene sentido en esa comunidad y para los miembros de dicha comunidad. Un inmigrante extraeuropeo en Europa, por definición, no tiene más derechos que los que hubiesen nacido de un acuerdo entre su comunidad de origen y la nuestra, por lo tanto un inmigrante ilegal no puede tener ningún derecho en Europa, ya que no existe ese derecho natural imaginario inventado por los intelectuales izquierdistas, que son la clase sacerdotal de la religión de lo políticamente correcto.

 

Frente al derecho natural, el derecho creado por la comunidad nacional.

 

Nacionalidad de papel.

 

El derecho nace de un acuerdo entre los miembros de una comunidad nacional, pero la comunidad nacional, no nace de un acuerdo entre individuos sin relación entre sí sino de una relación de sangre y de proximidad. Esta idea ya la tenían los antiguos griegos. En la Política de Aristóteles se puede leer que la Polis es algo que va asociado a la naturaleza humana. Esto implica que el hombre no es nada sin la polis y que la polis es algo natural y basado en el parentesco entre los hombres, no un invento de un montón de gente sin relación entre sí a los que un día se les ocurrió abandonar el “estado de naturaleza” y crear una ciudad (qué es la teoría del contrato social de Rousseau).

 

Por lo tanto, no se puede hacer a alguien miembro de una comunidad nacional, dándole un trozo de papel con un número y pegando una foto en ese papel. La nación es un concepto de sangre, no de papel.

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